Estabilización de fracturas de odontoides y axis (C2)
La fractura de odontoides es la rotura más frecuente del axis (C2). Aparece tras una caída en una persona mayor, un accidente de tráfico o un latigazo cervical. La médula pasa a milímetros del trazo, por eso conviene valorarla pronto. No todas se operan. Algunas consolidan con un collarín cervical rígido durante varias semanas. Otras se estabilizan con un tornillo anterior a través del odontoides o con una fijación posterior C1-C2 (técnica de Goel-Harms). El tipo de fractura, la edad, la calidad del hueso y los hallazgos en TAC y RM mandan en la decisión. En consulta en Alicante y Benidorm valoramos cada caso de forma individual. Más abajo te lo explico paso a paso.

¿Qué es una fractura de odontoides o de axis (C2)?
El odontoides (o apófisis odontoides) es una pequeña prolongación ósea de la segunda vértebra cervical, también llamada axis o C2. Encaja en la primera vértebra (atlas o C1) y permite girar la cabeza de un lado a otro. Una caída sobre la cara o la frente, un latigazo cervical o un golpe en el cuello pueden romperlo.
La clasificación más usada es la de Anderson y D'Alonzo, que mira la TAC y orienta el tratamiento. El Tipo I es una fractura en la punta del diente: es poco frecuente y casi siempre estable, por lo que suele tratarse con collarín. El Tipo II es una fractura en el cuello del diente: es la más frecuente (60–80 %), la que más cuesta soldar y la que más se opera, sobre todo si está desplazada. El Tipo III entra en el cuerpo de C2: la superficie de hueso en contacto es grande y suele consolidar bien con collarín durante 6 a 12 semanas.
Existe además la fractura del ahorcado (espondilolistesis traumática del axis), que afecta al istmo de C2. Hoy se ve sobre todo tras accidentes de tráfico y caídas. La clasificación de Levine y Edwards distingue cuatro tipos: los estables (I y muchos II) suelen tratarse con collarín y los inestables (IIA y III) requieren cirugía.
La estabilización busca tres cosas: recolocar el hueso, mantenerlo quieto mientras suelda y proteger la médula espinal, que pasa muy cerca. Como ocurre con la fusión occipitocervical, las técnicas varían según el patrón de fractura. Para valorar tu caso, puedes solicitar valoración con el Dr. Ben Ghezala.
Cómo se presenta tras la caída o el accidente
Tras una caída, un accidente de tráfico o un latigazo cervical es habitual notar:
¿Cuándo se opera una fractura de odontoides o de axis?
Muchas fracturas se tratan con collarín rígido durante 6 a 12 semanas. En personas mayores, el halo cervical hoy apenas se indica: aumenta las complicaciones respiratorias y la mortalidad. La cirugía se valora cuando hay:
Cómo es la cirugía paso a paso
1.Antes de la cirugía
El paciente llega habitualmente con un collarín rígido tras urgencias. Completamos los estudios con TAC cervical de alta resolución, RM para descartar lesión del ligamento transverso o de la médula y, si se planea fijación posterior, angio-TAC para conocer el trayecto de las arterias vertebrales.
Valoramos el patrón de la fractura, la calidad del hueso (importante en osteoporosis) y la situación general del paciente. Explicamos a paciente y familia las opciones, beneficios y riesgos. Anestesia ajusta la medicación crónica y revisa comorbilidades antes de firmar el consentimiento.
2.Durante la cirugía
La intervención se realiza bajo anestesia general, casi siempre con neuromonitorización para vigilar la médula y las raíces.
El tornillo odontoideo anterior se introduce por una pequeña incisión en la parte anterior del cuello. Bajo control radiológico se coloca un tornillo cánulado que cruza el trazo de fractura y se ancla en la punta del diente. Conserva la rotación entre C1 y C2 y se reserva a patrones de fractura favorables y hueso de buena calidad.
La fijación posterior C1-C2 (técnica de Goel-Harms) se hace con el paciente boca abajo. Colocamos tornillos en las masas laterales de C1 y en los pedículos de C2, conectados por dos barras de titanio. Se añade injerto óseo posterolateral. Es la técnica más estable, la preferida en hueso osteoporótico, en lesión del ligamento transverso y en la mayoría de pacientes mayores. La técnica de Magerl, con tornillos transarticulares, es una alternativa cuando la anatomía vascular lo permite.
En las fracturas del ahorcado, según el patrón, basta con tornillos en el istmo de C2 (que conserva movilidad) o se realiza una fusión corta C2-C3 por delante o por detrás.
3.Las primeras horas después
Tras la cirugía el paciente pasa por reanimación. Se vigilan constantes, exploración neurológica, vía aérea y dolor. Es normal sentir molestia cervical y, en abordajes anteriores, sensación de irritación al tragar.
La movilización suele iniciarse el mismo día o al siguiente, con ayuda y un collarín blando o semirrígido durante unas semanas. Antes del alta se hace una TAC postoperatoria para confirmar la posición de los tornillos. La estancia hospitalaria suele ser de 3 a 7 días, según edad, comorbilidades y evolución.
Recuperación, controles y vuelta a la vida normal
La consolidación de un hueso de C2 lleva tiempo. En las primeras semanas se usa collarín y se evitan giros bruscos del cuello, cargas y deportes. Hacemos controles clínicos y TAC a las 6 semanas, 3 meses y 6 meses para confirmar que el hueso está soldando.
La vuelta al trabajo de oficina suele plantearse entre las 4 y las 8 semanas si el dolor está controlado y los controles son favorables. Los trabajos físicos, los deportes de impacto o la conducción profesional pueden requerir 3 a 6 meses.
La fisioterapia se introduce de forma progresiva. Empezamos con ejercicios isométricos suaves y avanzamos hacia movilidad y fuerza, evitando rotaciones extremas hasta que el cirujano lo autorice. Si aparece fiebre, herida muy enrojecida, dolor desproporcionado, dificultad para tragar o nueva debilidad, hay que avisar de inmediato.
Riesgos y posibles complicaciones
Como toda cirugía, existen riesgos. Los generales incluyen complicaciones de anestesia, infección de la herida, sangrado, hematoma y trombosis venosa.
Entre los específicos: lesión de raíz nerviosa o, raramente, de la médula; persistencia parcial de síntomas; falta de consolidación (pseudoartrosis), mala posición o aflojamiento de tornillos, sobre todo en hueso osteoporótico.
En el abordaje anterior puede haber molestia al tragar transitoria, lesión de esófago, tráquea, vasos cervicales o nervio recurrente. En el abordaje posterior, el riesgo más serio es la lesión de la arteria vertebral; también pueden aparecer dolor cervical residual y pérdida de la mitad de la rotación cervical cuando se hace fusión C1-C2.
En pacientes mayores y frágiles, las complicaciones médicas (respiratorias, cardiovasculares, delirio) son más probables. Por eso la decisión de operar siempre se valora junto al paciente y la familia.
Preguntas frecuentes
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