Infiltraciones epidurales transforaminales
La infiltración epidural transforaminal es un procedimiento mínimamente invasivo que permite tratar el dolor radicular —la típica ciática o cervicobraquialgia— depositando un corticoide junto a la raíz nerviosa concreta que está inflamada, accediendo a ella a través del foramen de conjunción bajo control radiológico. Muchos pacientes la consideran cuando el dolor que irradia a la pierna o al brazo no mejora con reposo, fisioterapia o medicación, pero no quieren —o todavía no necesitan— pasar por una cirugía. Esta guía explica cuándo está indicada, cómo se realiza paso a paso y qué se puede esperar de forma realista en los días y semanas posteriores.

¿Qué es una infiltración epidural transforaminal?
La infiltración epidural transforaminal (TFESI, por sus siglas en inglés) es una técnica de intervencionismo del dolor en la que, bajo control de fluoroscopia y con contraste yodado, se introduce una aguja fina a través del foramen de conjunción —el orificio por el que sale cada raíz nerviosa de la columna— hasta dejar la punta justo en el espacio epidural anterior, pegada a la raíz responsable del dolor. Allí se deposita una mezcla de corticoide y anestésico local que reduce la inflamación perineural.
A diferencia de una infiltración epidural interlaminar clásica, que baña varias raíces a la vez, la vía transforaminal es selectiva: trata la raíz concreta que está dando síntomas. Por eso se usa cuando hay una correlación clara entre la imagen (hernia discal o estenosis foraminal en un nivel) y el dolor que describe el paciente.
Es un procedimiento ambulatorio. En cervicales se utilizan corticoides no particulados por seguridad vascular, y siempre que sea posible se plantea como puente terapéutico para evitar o posponer cirugías más agresivas como la microdiscectomía lumbar. Si el dolor radicular limita tu día a día, puedes solicitar valoración con el Dr. Ben Ghezala para revisar tu resonancia y decidir si la infiltración es una opción razonable en tu caso.
Síntomas y signos a tener en cuenta
Los pacientes que pueden beneficiarse de una infiltración transforaminal suelen describir:
¿Cuándo está indicada la infiltración transforaminal?
¿Cómo es el procedimiento paso a paso?
1.Preparación antes del tratamiento
Se revisa la resonancia y la historia para confirmar la raíz diana y el nivel. Es fundamental indicar el uso de anticoagulantes o antiagregantes, alergias al contraste yodado y posibles infecciones activas. En general no requiere ayuno estricto si se hace con anestesia local, aunque la pauta exacta se da en la consulta previa.
2.Durante el procedimiento
El paciente se coloca en decúbito prono (boca abajo) para abordajes lumbares o supino con la cabeza en ligera rotación para cervicales. Tras antisepsia y anestesia local de la piel, se avanza la aguja bajo fluoroscopia hasta el foramen de la raíz a tratar. Se inyecta una pequeña cantidad de contraste yodado y se comprueba en tiempo real que el patrón es epidural y perineural —no vascular—. Confirmada la posición, se deposita la mezcla de corticoide y anestésico local. Todo el procedimiento suele durar entre 15 y 30 minutos.
3.Postoperatorio inmediato
El paciente queda en observación 20–30 minutos para vigilar tensión arterial, sensibilidad y fuerza en la extremidad. Es habitual notar la zona algo dormida unas horas por el anestésico local. Se recomienda no conducir el mismo día y mantener actividad ligera. La mayoría se va a casa por su propio pie sin necesidad de ingreso.
Recuperación tras la infiltración transforaminal
Las primeras 24–48 horas pueden cursar con un ligero empeoramiento del dolor (efecto rebote) antes de que el corticoide haga su trabajo. El alivio suele empezar entre el tercer y el séptimo día, y consolidarse a las 2–3 semanas. La duración del beneficio es muy variable: en algunos pacientes son semanas y en otros meses, dependiendo de la causa de fondo y de cuánto cede la inflamación.
Es un buen momento para retomar la fisioterapia y los ejercicios pautados, porque la ventana sin dolor permite trabajar musculatura y postura. Si el dolor reaparece, puede repetirse la infiltración (habitualmente no más de 3–4 al año en el mismo nivel) o reevaluarse el plan, incluida la opción quirúrgica si la indicación lo justifica.
Riesgos y posibles complicaciones
La infiltración transforaminal es un procedimiento seguro cuando lo realiza un profesional con experiencia y bajo control de imagen, pero no está exenta de riesgos.
Los efectos más frecuentes son leves: dolor pasajero en la zona de la punción, sensación de calor facial durante 24–48 horas, ligero aumento transitorio de la glucemia en pacientes diabéticos o insomnio breve por el corticoide. Los riesgos infrecuentes incluyen punción dural con cefalea postpunción, hematoma epidural, infección en la zona o reacción al contraste. En infiltraciones cervicales se utilizan corticoides no particulados para minimizar el riesgo —muy raro— de embolia vascular por entrada accidental en una arteria radicular. Estos puntos se valoran caso a caso antes de indicarla.
Preguntas frecuentes
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¿Te reconoces en estos síntomas?
Si alguno de estos síntomas encaja con lo que estás viviendo y el dolor empieza a limitar tu día a día, podemos valorar tu caso de forma personalizada. El Dr. Ben Ghezala revisará tu historia clínica y tus pruebas de imagen para ayudarte a decidir el mejor tratamiento para ti.
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