Monitorización neurofisiológica intraoperatoria
La monitorización neurofisiológica intraoperatoria (IONM) es una técnica de seguridad que vigila la función de la médula espinal y los nervios mientras se realiza la cirugía. Se utilizan potenciales evocados motores (MEP), potenciales evocados somatosensoriales (SSEP) y electromiografía (EMG) para detectar en tiempo real cualquier alteración antes de que se convierta en una lesión permanente. Muchos pacientes que afrontan cirugías cervicales complejas, deformidades, descompresiones medulares o resección de tumores se preguntan qué se hace para proteger la médula y los nervios durante el procedimiento. La IONM forma parte de esa respuesta. Esta guía explica de forma realista qué es la monitorización neurofisiológica, cuándo se aplica, cómo se desarrolla durante la cirugía y qué supone que aparezca una alerta intraoperatoria.

¿Qué es la monitorización neurofisiológica intraoperatoria?
La monitorización neurofisiológica intraoperatoria (IONM) es un conjunto de técnicas que permiten registrar, en tiempo real y durante toda la cirugía, la función de la médula espinal, las raíces nerviosas y las vías motoras y sensitivas. Se utilizan tres pruebas principales: potenciales evocados motores (MEP), que valoran la integridad de la vía motora; potenciales evocados somatosensoriales (SSEP), que evalúan las vías sensitivas; y electromiografía (EMG), espontánea o desencadenada por estímulo, que detecta irritación o contacto con raíces nerviosas concretas.
La IONM no sustituye al criterio quirúrgico, pero actúa como una alarma precoz: si una señal cae por debajo de un umbral aceptado, el equipo puede modificar la maniobra, ajustar la tracción, revisar la instrumentación o cambiar la estrategia antes de que se produzca un daño permanente. Es especialmente útil en cirugías con compromiso medular como la descompresión por mielopatía cervical, en deformidades, tumores intramedulares y descompresiones complejas. Si quieres saber si tu cirugía se beneficia de monitorización, puedes solicitar valoración con el Dr. Ben Ghezala.
¿En qué cirugías se aplica la monitorización?
La IONM se considera estándar en cirugías con riesgo neurológico relevante. Suele aplicarse, entre otras, en estas situaciones:
¿Cuándo está indicada la monitorización?
¿Cómo se realiza la monitorización paso a paso?
1.Preparación antes del tratamiento
Antes de la cirugía, el neurofisiólogo revisa la historia del paciente, las pruebas de imagen y la exploración neurológica para definir qué modalidades aplicar (MEP, SSEP, EMG espontánea, EMG estimulada) y dónde colocar los electrodos. Se coordina con el anestesiólogo el protocolo anestésico, ya que algunos fármacos (sobre todo gases halogenados y relajantes musculares) pueden interferir con las señales. Habitualmente se utiliza anestesia intravenosa total (TIVA) para preservar los MEP.
2.Durante el procedimiento
Tras la inducción anestésica se colocan electrodos en cuero cabelludo, músculos diana de las extremidades y, según el caso, en zonas específicas como esfínter anal o nervios periféricos. El neurofisiólogo establece un registro basal antes de iniciar la cirugía y, a partir de ahí, vigila las señales de forma continua. Si aparece una caída significativa en amplitud o un aumento de latencia que supere los umbrales de alerta, lo comunica de inmediato al equipo quirúrgico para que se actúe sobre la causa: liberar tracción, retirar o reposicionar un implante, ajustar la presión arterial, esperar a recuperar la señal o cambiar el plan.
3.Postoperatorio inmediato
Al final de la cirugía se realiza una última comprobación de las señales para confirmar que se cierra con un registro estable. Los electrodos se retiran antes del despertar y, en cuanto el paciente está consciente, se hace una exploración neurológica básica que se compara con la previa. El registro completo de la monitorización queda en el informe quirúrgico y forma parte de la documentación del caso.
Qué supone para la recuperación del paciente
La monitorización en sí no añade tiempo de recuperación al paciente: los electrodos se retiran al final del procedimiento y, salvo pequeñas marcas en la piel o leves molestias en los puntos de inserción, no deja secuelas. Su efecto se nota en la seguridad global: el paciente despierta sabiendo que durante toda la cirugía su médula espinal y sus raíces nerviosas han estado vigiladas y que, si hubo alguna alerta, se gestionó antes de provocar un déficit.
En los casos en los que aparece una alteración intraoperatoria que finalmente recupera, esa información también orienta el seguimiento neurológico posterior. La rehabilitación, los plazos de reincorporación al trabajo y los controles de imagen siguen las pautas del procedimiento principal (cervical, torácico, lumbar o de deformidad).
Limitaciones y posibles inconvenientes
La monitorización neurofisiológica es muy segura. Los inconvenientes locales son pequeños: hematomas o molestias en los puntos donde se colocan los electrodos y, muy raramente, mordedura de lengua o labio por la contracción muscular asociada a los MEP (se previene con protectores bucales).
Desde el punto de vista de interpretación, no es una técnica infalible. Existen falsos positivos (caídas de señal sin lesión real, por hipotensión, hipotermia o efecto anestésico) y falsos negativos (lesiones que aparecen sin alerta clara, especialmente en territorios no monitorizados). Por eso la IONM se interpreta siempre dentro del contexto clínico y no como una prueba aislada. Además, no todos los centros disponen de equipo y personal entrenado para realizarla de forma sistemática.
Preguntas frecuentes
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